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Ilusionados por la política

Ilusionados por la política

Por Félix de la Fuente

España, el país de las contradicciones


Cada cierto tiempo -por desgracia, muy corto-, las calamidades suelen cebarse sobre los españoles. No nos hemos recuperado aún de una DANA mal gestionada y ya estamos metidos en el descarrilamiento mortal de dos trenes de alta velocidad en Adamuz. Unos trenes a la cabeza de Europa por su técnica, pero con unos servicios tercermundistas son el triste reflejo de la sociedad española: una solidaridad humana y una calidad profesional extraordinaria, fenomenal, frente a unos dirigentes que son una nulidad; los habitantes de un pueblo que se lanza solidariamente con todos sus medios en ayuda de las víctimas de la catástrofe y unos políticos que hacen oídos sordos a las advertencias de los maquinistas.

Lo dije con motivo de la DANA de Valencia. No basta con exigir responsabilidades políticas. Cuando se dan víctimas humanas, hay que exigir responsabilidades penales, si la justicia demuestra que ha habido negligencia in conservando (negligencia en el mantenimiento).  Si una pared que está junto a la vía se derrumba debido a las fuertes lluvias, como ha ocurrido en Gelida (Barcelona) -otro maquinista muerto-, alguien debería haber previsto el peligro.

No estoy culpabilizando a nadie en concreto de la tragedia de Adamuz o de Gelida, pero que ha habido negligencia es evidente y que esta negligencia ha ocasionado víctimas mortales es también algo evidente. Hay otro hecho clarísimo en el caso de la DANA de Valencia y que aparecerá dentro de muy pocos días –o quizás de unas pocas horas-: los políticos intentan atribuir a otros su propia responsabilidad, sobre todo cuando intervienen diversas administraciones. Tenemos, por tanto, dos evidencias: la negligencia de nuestros políticos y la descoordinación de la administración regional y central. Ante estas dos realidades tenemos también dos soluciones: responsabilidad penal y cambio radical del sistema de nuestras autonomías.  Si en el estado actual de las autonomías, éstas, en lugar de prestar un mejor servicio al ciudadano, solo sirven para crear unas barreras y unas fronteras entre los propios españoles, que incluso hacen que nos sintamos extranjeros en otras regiones de nuestra propia España, o se modifica radicalmente el estado de las autonomías o es preferible que éstas desaparezcan. Y que ningún político se atreva a ridiculizarnos sarcásticamente, culpándonos de que seríamos capaces de decir que con Franco vivíamos mejor, pues podríamos responderle que "en algunas cosas incluso con Franco sí vivíamos mejor". ¿Es que con Franco pagábamos tantos impuestos como ahora? ¿Es que los relativamente pocos impuestos que se pagaban entonces no se   empleaban mejor?

¿Con los medios y dispositivos que tenemos actualmente, no se pueden vigilar y controlar las vías a miles de kilómetros de distancia?  Pero si nuestros impuestos se emplean para pagar al independentismo y sus embajadas, si el gobierno no es capaz de aprobar los presupuestos, ¿no es acaso normal que las vías y las paredes se nos derrumben?

La catástrofe Adamuz ha vuelto a demostrar la grandeza del pueblo español y la miseria de nuestros políticos.